Marcelo Morales Cintero

Marcelo Morales CinteroMarcelo Morales Cintero (Havana, 1977) is a poet and prose writer. He received a degree in history from the University of Havana and graduated from the Univercità per Stranieri di Perugia, Italia, with a degree in Italian language and culture. He has published three books of poetry—all prize-winning—and a novella. A collection of his work, The World as Presence, recently appeared in English. He lives in Havana. His poem “Matter (selections)” can be found here. It appears in the Jan/Feb 2018 issue of the Kenyon Review.

Translated from Spanish by Pilar Hoye and Katherine M. Hedeen

Spanish

In your opinion, which Cuban author(s) should a North American reader read?

Cuba is a complicated country, full of nuances and contradictions, with a history sui generis in the context of Latin America; part of that particularity is given by the late independence from the Spanish empire, the North American intervention in the island, the Cuban revolution and the entrance of the Socialist bloc, and the Cold War. These events are basic in my opinion for understanding reality, which as it is so complicated tends to be simplified. Cuban literature, though it is very rich, has not always been at the height of complexity. I can recommend Cuban classics such as José Martí; I would recommend essays such as “Nuestra América” or “Escenas norteamericanas”; El ingenio by Manuel Moreno Fraginals; La isla que se repite by Benítez Rojo; everything by Alejo Carpentier, especially La consagración de la primavera; everything by Cabrera Infanta, especially Tres tristes tigres; and Paradiso by José Lezama Lima; La isla en peso by Virgilio Piñera or El color del verano by Reinaldo Arenas.

“Materia” discusses nostalgia in an urban environment. For you, how does nostalgia manifest in Havana?

Havana is a very vibrant city, a city where many times and realities coexist, but nevertheless I do not perceive it as a nostalgic city. I wrote “Materia” ten years ago; the passage of time has always been a theme in my poetry, but I would say that more than the passage of time, transformations and the human experience of time, are for me, a constant. In “Materia,” I was trying to undo myself from a magical, religious thought that I had carried since my earlier book, “El círculo mágico”; in “El círculo mágico,” I was turning over the idea of poetry as a means of knowing, almost like a method of divination. The day I began to write “Materia,” I entered a room in my house that I use as a library and a ray of light illuminated dust particles. Until this moment, I had lived obsessed with the idea of my death, and the image, for a reason that I still do not comprehend, reconciled me with this. I wrote “when I see the dust in my room floating I think of the sentence, I sink my face into it.” The sentence to which I allude is that biblical line “from dust we came and to dust we shall return.” Poetry in me has always acted as a eureka moment, moments of revelation, of definition of a truth, even when they are truths which appear to be negated. In some way, in that moment, I accepted my death for the first time.

The sections of “Materia” could each be poems in their own right. Why did you make the decision to compile them into a single poem?

“Materia” is a poem and a book. For me, a book is an idea, and it does not matter how many pages it has. I have always written books of poetry in the form of an essay, my books of poetry all revolve around an idea that is not discarded until I feel that all has not been exhausted.

At the end of “Materia”, you write that “Uno tiene la responsabilidad para con uno mismo y con el mundo, de embellecer.” How do you think you are answering this responsibility?

My poetry is that of being alive, and therefore, as a mortal, I remember exactly the moment in which I wrote that: I was in my parents’ car and my father was driving around the house they lived in in that moment; I was about to turn thirty and I had just finished being tested for HIV—I don’t remember if I knew yet if it was negative or not. Really, I don’t remember exactly when I wrote that, but I remember that in that time I thought a lot about a specific kind of beauty, which is the beauty of acts, the beauty of responsibility which one has to act well in life with oneself and with others, with courage and goodness, and that is the type of beauty to which I refer: illuminate yourself to shine, to serve.

What are you working on right now?

For a few years I have been working on a book of essays about the despotic tradition in Cuba, from the arrival of Christopher Columbus to modern day, and on another book of poetry, “La puerta de los cielos,” which revolves around, in some way, the contrast between the North American reality and the Cuban reality. The distance, both physical and political.


 

En su opinión ¿a qué escritor(es) cubano(s) debe leer un lector norteamericano?

Cuba es un país complejo, lleno de matices y contradicciones, con una historia sui generis en el contexto latinoamericano; parte de esta peculiaridad está dada por la tardía independencia del imperio español, la intervención norteamericana en la isla, La revolución cubana y la entrada desde el bloque socialista, en la guerra fría. Estos sucesos son básicos en mi opinión para entender la realidad actual, que como es tan compleja tiende a ser simplificada. La literatura cubana, aunque muy rica, no siempre ha estado a la altura de esa complejidad. Yo podría recomendar la lectura de clásicos cubanos como José Martí, incluso me atrevería a recomendar ensayos como “Nuestra América,” o “Escenas norteamericanas.” El ingenio, de Manuel Moreno Fraginals, La isla que se repite, de Benítez Rojo, todo Alejo Carpentier, en especial La consagración de la primavera, todo Cabrera Infante, en especial Tres tristes tigres, Paradiso, de José Lezama Lima. La isla en peso de Virgilio Piñera, o El color del verano de Reinaldo Arenas.

“Materia” trata mucho la nostalgia en un ambiente urbano. Para usted ¿cómo se manifiesta la nostalgia en La Habana?

La Habana es una ciudad muy viva, una ciudad donde conviven muchos tiempos, muchas realidades, sin embargo yo no la percibo como una ciudad nostálgica. Escribí Materia hace diez años; el paso del tiempo ha sido siempre un tema en mi poesía, incluso me atrevería a decir que más que el paso del tiempo, las trasformaciones y la experiencia humana dentro del tiempo, son en mí una constante. En Materia, yo estaba tratando de deshacerme de un pensamiento mágico religioso que cargaba desde el libro anterior, El círculo mágico; en El círculo mágico, le daba vueltas a la idea de la poesía como medio de conocimiento, casi como un medio de adivinación. El día en que empecé a escribir Materia, entré en un cuarto que usaba de biblioteca en mi casa y un rayo de luz iluminaba partículas de polvo. Hasta ese momento había vivido obsesionado con la idea de mi muerte y esa imagen, por una razón que todavía no comprendo, me reconcilió con ella. Escribí “cuando veo el polvo en mi cuarto flotando pienso en la sentencia, hundo mi cara en él.” La sentencia a la que hago alusión es a aquella bíblica de “polvo eres y en polvo te convertirás.” Lo poético siempre ha actuado en mí como un pensamiento eureka, momentos de revelación, de definición de una verdad, aun cuando sean verdades que aparezcan para ser negadas. De alguna manera, en ese momento aceptaba mi muerte por primera vez.

Los distintos segmentos de “Materia” podrían ser poemas en sí. ¿Por qué tomó la decisión de compilarlos todos en un solo poema.

Materia es un poema y es un libro. Para mí, un libro es una idea, sin importar cuántas páginas tenga. Siempre he escrito libros de poesía a la manera de un ensayo, mis libros de poesía todos giran alrededor de una idea que no es desechada hasta que siento que no ha sido agotada.

Al final de “Materia”, dice que “Uno tiene la responsabilidad para con uno mismo y con el mundo, de embellecer”. Cómo cree que usted responde a esta responsabilidad?

Mi poesía es la de un ser vivo, y por tanto, la de un mortal, recuerdo con exactitud el momento en que escribí eso, estaba en el carro con mis padres y mi padre iba manejando cerca de la casa donde vivían ellos en aquel momento, yo estaba a punto de cumplir 30 años y me acababa de hacer las pruebas del VIH, no recuerdo ya si sabía que había dado negativo o no. En verdad yo no recuerdo con exactitud porque escribí eso, pero si recuerdo que por aquella época yo pensaba mucho en un tipo muy especial de belleza, que es la belleza de los actos, la belleza de la responsabilidad que uno tiene de actuar bien en la vida con uno mismo y con los demás, con valentía y bondad, a ese tipo de belleza me refería, iluminarse para iluminar, para servir.

En qué trabaja actualmente?

Hace años trabajo en un libro de ensayo sobre la tradición despótica cubana desde la llegada de Cristóbal Colón hasta nuestros días, y en otro libro de poesía, La puerta de los cielos, que gira en torno, de alguna manera, al contraste entre la realidad norteamericana y la cubana. La distancia física y la política.

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