Legna Rodríguez Iglesias

Legna Rodriguez IglesiasLegna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984) is a poet, prose writer, and playwright. She has four books of poetry, the latest being Hilo + Hilo (2015). She has received the Julio Cortázar Ibero-American Short Story Prize in 2011 and the Casa de Las Américas Prize in Theater in 2016. She lives in Miami. Her poems “99,” “33,” “77,” and “11” can be found here. They appear in the Jan/Feb 2018 issue of the Kenyon Review.

Translated from Spanish by Pilar Hoye and Katherine M. Hedeen

Spanish

How has your writing changed as a consequence of moving to the United States?

It hasn’t changed. I have been quite sure of what I want for a long time, even though sometimes I achieve it and sometimes I don’t. It amazes me how people are amazed that I continue writing after leaving Cuba, and under precarious conditions. My writing is a gesture. I can write in whatever dirty hole. The only thing that changes is the perspective; the eye stays the same.

“33” and “77” discuss female sexuality with disjointed, almost violent language. Why did you choose such language?

I have always said I do not write “loose” poems, nor stories, nor random texts. I write books, and each book has its own dramaturgy, its own tone and context. These poems pertain to an unedited book, the final book of poetry I wrote before leaving Cuba, with one foot there and the other here. The poems that form this book are aggressive, like a disaster. I wanted to capture that: the notion of a disaster, its escape. The book is called “Title” for lack of a better title. This is its name, and it has neither femininity nor masculinity. Yes, sexual states, because sexuality is a form of thought.

How did you choose the titles of these poems?

The book has ten chapters. I like to read it like a novel. The names of those chapters guide the reader. The poems themselves do not have a net weight. For this reason, I decided to number them, utilizing figures of the digits, which contain tension. It gives the idea of what the first numbers lack. But it lacks nothing. What it lacks is tranquility.

In your opinion, what is the experience of being a Cuban poet of your generation? Is it different from what another poet experiences?

I don’t think so. My generation writes about an adverse economic and political terrain. But looking back, I see adversity in each historic moment. Therefore, there is nothing better for writing than a little adversity. That is my job as a writer.

What aspect of your life unrelated to your career as a writer most influences your writing?

The perennial desire to have a child. I will not be a complete woman until I have one, and so, I will neither be a complete writer. That, said in that way, is almost happening. While I respond to this question, something very small—just more than five centimeters—kicks inside of me. And it is not poetry.


 

¿Cómo ha cambiado su escritura a causa de su traslado a los Estados Unidos?

No ha cambiado. Estoy muy segura de lo que quiero hace tiempo, aunque a veces lo logre y a veces no. Me asombra cómo la gente se asombra de que yo continúe escribiendo, después de salir de Cuba, y en condiciones precarias. Mi escritura es un gesto. Puedo escribir en cualquier hueco sucio. Solo cambiará la perspectiva, el ojo sigue siendo el mismo.

“33” y “77” hablan de la sexualidad femenina con un lenguaje inconexo, casi violento. ¿Por qué optó por usar ese tipo de lenguaje? 

Siempre he dicho que no escribo poemas sueltos, ni cuentos sueltos, ni textos al azar. Escribo libros, y cada libro tiene su propia dramaturgia, su propio tono y contexto. Estos poemas pertenecen a un libro inédito, el último libro de poesía que escribí antes de salir de Cuba, con un pie allá y otro acá. Los poemas que lo forman son todos tan agresivos como un desastre. Yo quería captar eso: la noción del desastre, su fuga. El libro se llama “Título”, a falta de un mejor título. Ese es su nombre y no hay femeneidad ni masculinidad en él. Estados sexuales sí, porque la sexualidad es una forma del pensamiento.

¿Cómo seleccionó los títulos de estos poemas?

El libro tiene diez capítulos. Me gusta leerlo como una novela. Los nombres de esos capítulos guían al lector. Los poemas en sí mismos no tienen un peso neto. Por eso decidí numerarlos, utilizando cifras de dos dígitos, que contuvieran tension. Da la idea de que faltan los primeros números. Pero no falta nada. Lo que falta es tranquilidad.

En su opinión ¿cómo es la experiencia de ser una poeta cubana de su generación? ¿Es diferente a lo que experimenta un poeta?

No lo creo. Mi generación escribe sobre un territorio económico y políticamente adverso. Pero mirando hacia atrás, veo adversidad en cada momento histórico. Y sí, no hay nada mejor para escribir que un poco de adversidad. Ese es mi trabajo como escritora.

¿Qué aspecto no relacionado con su vida como escritora influye más en su poesía? 

El deseo perenne de tener un hijo. No seré una mujer completa hasta que lo tenga, y por tanto, tampoco seré un escritora completa. Eso, dicho de esa forma, está casi al suceder. Mientras respondo este cuestionario, algo muy diminuto, de más de cinco centímetros, patalea dentro de mí. Y no es poesía.

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